Señoras y señores: Aceptando con mucho gusto la invitación del Ateneo Enciclopédico de Barcelona, voy a leer para sus socios una selección de poemas de mi modesta obra poética, con toda la buena fe y la intención pura de que soy capaz y con el ansia que tiene todo verdadero artista de que lleguen a vuestro espíritu y se establezca la comunicación de amor con otros en esa maravillosa cadena de solidaridad espiritual a que tiene toda obra de arte y que es fin único de palabra, pincel, piedra y pluma. Estamos aquí reunidos, y como no tengo la técnica ni el paisaje del actor y veo este gran teatro lleno de un gran público distinto y expectante, tengo cierto miedo a que mis poemas, o bien por íntimos o bien por obscuros, o bien por demasiado escuetos, sin esa hojarasca musical que entra por las orejas sin llegar al tuétano del sentimiento, puedan quedar ateridos bajo esta bóveda, temblando como esos gatos sucios que los niños matan a pedradas en los arrabales de las poblaciones. Yo nunca he leído mis versos delante de tantos espectadores, no porque no sea capaz, puesto que lo voy a hacer ahora, sino porque es indudable que la poesía requiere cuatro paredes blancas, unos pocos amigos liados por una armonía de amistad y un dulce silencio donde gima o cante la voz del poeta. Mi amor a los demás, mi profundo cariño y compenetración con el pueblo, como me ha llevado a escribir teatro para llegar a todos y confundirme con todos, me trae esta tibia mañana de Barcelona a leer ante gran público lo que yo considero más entrañable de mi persona. Por eso yo ruego a todos que por un momento nos sintamos amigos íntimos todos, que olvidemos las proporciones de la sala, las curvas de terciopelo que orlan palcos y platea y nos hagamos la ilusión de que estamos en una pequeña sala donde un poeta, con toda modestia y sencillez, va a daros sin desplantes ni orgullo, lo mejor, lo más hondo que tiene. Un recital de poemas es un espectáculo con todas las bellezas y agravantes del espectáculo, todos los días los escucháis y algunas veces muy bien; una lectura de versos por el propio poeta es un acto íntimo, sin relieve, donde el poeta se desnuda y deja libre su propia voz. Ante un gran público tengo siempre recelo de leer versos porque la poesía es todo lo contrario a la oratoria. En la oratoria, el orador estira una idea ya conocida del pública y le va dando vueltas y más vueltas, en juego simple que la multitud acoge con entusiasmo; es como una larga bandera que el orador hace jugar con el viento, cambiando pliegues pero sin alterar líneas; en la poesía se ha de estar alerta para cazar imágenes y sentimientos que saltan pulverizados como agua de tormenta y en todas direcciones como una bandada de pájaros espantados por el tiro del cazador. Precisamente por eso yo no hablo, sino que leo lo que escribo, y no improviso para no tener ni un solo momento de divagación. Por eso yo recuerdo con ternura a aquel hombre maravilloso, a aquel gran maestro del pueblo don Benito Pérez Galdós, a quien yo vi de niño en los mítines sacar unas cuartillas y leerlas, teniendo como tenía la voz más verdadera, lo más nítido, lo exacto al lado de la engoladura y de las otras voces llenas de bigotes y manos con sortijas que derramaban las oradores en la balumba ruidosa del mitin. Sean mi pudor, mi sinceridad y vuestra buena fe los tres elementos que formen el aire íntimo y claro donde se pierdan los poemas y ojalá sirvan para elevar y afirmar el ánimo de los que me oyen.
El mateix Federico, en una carta enviada als seus pares el dia següent de l’homenatge, entre d’altres coses els deia:
Ayer di una lectura de versos para todos los Ateneos Obreros de Cataluña, y se celebró en el teatro Barcelona. Había un público inmenso que llenaba el teatro y luego toda la Rambla de Cataluña estaba lleno de público que oía por altavoces, pues el acto se radió. Fue una cosa emocionante el recogimiento de los obreros, el entusiasmo, la buena fe y el cariño enorme que me demostraron. Fue una cosa tan verdadera este contacto mío con el pueblo auténtico que me emocioné hasta el punto que me costó mucho trabajo empezar a hablar, pues tenía un nudo en la garganta. Con una intuición magnífica subrayaron los poemas, pero cuando leí el “Romance de la Guardia Civil” se puso en pie todo el teatro gritando “¡Viva el poeta del pueblo!”. Después, tuve que resistir más de hora y media un desfile de gentes dándome la mano, viejas obreras, mecánicos, niños, estudiantes, menestrales. Es el acto más hermoso que yo he tenido en mi vida. (…) Estoy contento y quisiera que vosotros hubierais visto aquello. Mañana doy una lectura comentada del Romancero en la Universidad, organizada por los estudiantes. Ya no queda ni una invitación. El separatismo en Cataluña es un mito, y una demostración de que son auténticos españoles son estas pruebas grandes de españolismo que me dan, ya que yo soy tan representativo de España. Claro es que las derechas tomarán todas estas cosas para seguir en su campaña contra mí y contra Margarita, pero no importa. Es casi conveniente que lo hagan, y que se sepan de una vez los campos que pisamos. Desde luego, hoy en España no se puede ser neutral. Muchos abrazos a todos. Besos y ya sabéis cómo os quiere vuestro hijo.